El alza del petróleo encarece hasta 1.200 €/mes el diésel en camiones, mientras el eléctrico reduce costes y gana competitividad en la gestión de flotas.
El actual contexto geopolítico y energético vuelve a situar a los gestores de flotas de transporte pesado ante un escenario de alta incertidumbre. El último análisis de Transport & Environment (T&E) pone cifras a esta realidad: el incremento del precio del petróleo está impactando de forma directa y significativa en los costes operativos de los camiones diésel en Europa, mientras que los vehículos eléctricos muestran una mayor capacidad de resistencia.

Según el informe, la subida del crudo —impulsada en gran medida por el conflicto en Oriente Medio— ha llevado el precio del diésel a niveles cercanos a los 2 euros por litro, similares a los registrados durante la crisis energética de 2022. Para un gestor de flota, esta evolución se traduce en un incremento medio de unos 890 euros mensuales por camión diésel en el conjunto de la Unión Europea, según este estudio.
En mercados clave como Alemania, donde se concentra una parte muy relevante del transporte de mercancías por carretera, el impacto es aún más acusado. Allí, el sobrecoste mensual alcanza los 1.210 euros por vehículo, lo que tensiona aún más unos márgenes operativos tradicionalmente reducidos en el sector.
Este escenario pone de manifiesto una debilidad estructural bien conocida por los responsables de flotas: la fuerte dependencia del transporte pesado respecto al petróleo. A pesar de representar únicamente el 2% del parque móvil europeo, los camiones consumen cerca del 20% del petróleo del transporte por carretera, lo que amplifica el efecto de cualquier perturbación en los mercados energéticos internacionales.
Diésel vs. Eléctrico
Frente a esta volatilidad, el camión eléctrico puede vislumbrarse no solo como una alternativa ambiental, sino también como una opción cada vez más predecible en términos de costes. El informe de T&E señala que, aunque el encarecimiento del gas también está presionando al alza el precio de la electricidad, el impacto sobre los costes energéticos de los vehículos eléctricos es considerablemente menor.
En el promedio europeo, el incremento mensual asociado a la electricidad se sitúa en torno a los 610 euros por camión eléctrico, mientras que en Alemania asciende a 460 euros.
Esta diferencia en la exposición a los precios energéticos tiene consecuencias directas en la cuenta de resultados de las flotas: los operadores de camiones diésel están soportando incrementos de costes aproximadamente 1,5 veces superiores a los de sus homólogos eléctricos, una brecha que en el caso alemán supera las 2,5 veces.
Traducido a términos operativos, esto significa que un camión eléctrico puede generar en Alemania un ahorro de hasta 1.760 euros mensuales en costes energéticos frente a uno diésel, situándose en torno a un 36% menos en este capítulo. Para los gestores de flotas, esta diferencia adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que el combustible representa aproximadamente un tercio de los costes totales de operación, en un sector donde los márgenes apenas rondan el 2%.
El informe también apunta a que esta ventaja podría ampliarse en aquellos casos en los que las empresas inviertan en generación propia de energía, como instalaciones solares combinadas con almacenamiento, reduciendo así su dependencia de la red eléctrica y mejorando la previsibilidad de sus costes.

Menor dependencia
Más allá del impacto inmediato en las operaciones, el análisis introduce un elemento clave para la planificación estratégica de las flotas: la relación entre electrificación y dependencia energética europea. Según T&E, los objetivos actuales de reducción de emisiones para vehículos pesados permitirían recortar en torno a un 22% las importaciones de petróleo asociadas al transporte por carretera en 2035, con un ahorro estimado de 28.000 millones de euros.
Sin embargo, el propio informe advierte de que la reciente flexibilización de los objetivos de CO₂ para camiones podría ralentizar este proceso, retrasando la disponibilidad y la asequibilidad de los vehículos eléctricos a gran escala, un factor clave para su adopción por parte de las flotas.
En este contexto, la evolución de los costes energéticos está dejando de ser una variable coyuntural para convertirse en un factor estructural en la toma de decisiones. Para los gestores de flotas de transporte pesado, la comparación entre diésel y eléctrico ya no se limita a una cuestión tecnológica o medioambiental, sino que se sitúa en el centro de la eficiencia operativa y la gestión del riesgo en un entorno marcado por la incertidumbre energética.